Bienvenidos a los EE.UU.
La culpa es mía por tener un nombre y apellidos comunes. Es lo que me insinuó un oficial de inmigración del Aeropuerto de Miami, al regreso de unas maravillosas vacaciones en Bolivia, tras estar detenida dos eternas horas sin cargos, sin ningún derecho conocido. No se me informó de la razón de dicha detención, ni se me permitió llamar telefónicamente a mi familia o al Consulado español, o siquiera hablar con mi compañero de viaje que, en el piso inferior, me esperaba con las maletas, tan ansioso, perplejo y asustado como yo. "Tranquilícese que esto va para largo" - me decía el oficial. "Qué es esto?"- preguntaba yo - "no se lo puedo decir".Cuando todo se aclaró vinieron las razones, jamás las disculpas: existía busca y captura para una mujer que tenía mis mismos apellidos, pero no mi nombre. Ella se llama María y yo Mª del Pilar; total, son sólo 8 letras de diferencia. Los vuelos a España perdidos; 24 horas más en esa hostil nación. De nada vale que unas semanas antes aceptaran, por parte de la Embajada norteamericana, una petición previa de ingreso, o que entrara y saliera del país por ese mismo lugar 16 días antes sin problema alguno. No podré volver a los EE.UU si no quiero correr el riesgo que me toque otro "Torrente" y haga valer toda la ignorancia, discrecionalidad y arbitrariedad que las leyes de inmigración de los EE.UU. otorgan a sus funcionarios.
Pilar Rodríguez Moreno, Almería