Y la reforma patronal, ¿para cuándo?
A las recomendaciones de diversos organismos nacionales e internacionales, se aferra G. D. Ferrán (entrevista 1 de noviembre) a la urgente necesidad de la reforma laboral que necesita España, obviando que los mismos la incluyen entre otras medidas estructurales, también necesarias.
Dan, por supuesto, que los sujetos que conforman la actividad económica son equiparables a cualquier otra nación o mercado de primer nivel, obviando que, en España, posiblemente sea necesario reformar urgentísimamente “la solución”, esto es “los empresarios”.
Me refiero con esto a la reforma patronal, para lo que sería necesario motivar, formar, planificar, y hasta regular la actividad empresarial, como lo está la laboral. Empezando por dejar muy claro a toda la Sociedad que la empresa se compone, en síntesis de cuatro elementos, no de uno: empresario, medios materiales, medios humanos y entorno (clientes, proveedores, administraciones públicas, etc.).
Es necesario que el empresario comprenda la responsabilidad última que tiene sobre el resto de los elementos y sepa calcular con precisión el coste de cualquier decisión. En definitiva, que tenga en cuenta la función social de la empresa, en un marco óptimo de equilibrio entre mercado y Estado. Para lo cual, van unas ideas, a las que se pueden añadir muchas más.
Es imprescindible la formación continua de empresarios y altos directivos, y contrastable mediante títulos de excelencia profesional empresarial. Promover la transparencia (información periódica objetiva, no sesgada, a los comités de empresa fundamentalmente). Configurar un código ético: quien defrauda a cualquier otro elemento de la empresa, lo está haciendo a toda la Sociedad, por lo que la denuncia del fraude ha de ser la norma, y no la excepción. Ser solidarios a la hora de solicitar la ejecución de servicios públicos, haciéndolo solamente cuando se demuestre la eficiencia de la medida. Organizar reuniones periódicas para intercambiar experiencias, plantear problemas que uno no alcanza a resolver por sí solo, sugerir temas para próximas reuniones, etc.
No estaría de más que el Estado promoviera incentivos al buen gobierno empresarial (o severos castigos, en su caso).
Finalmente, las organizaciones empresariales deben dotarse de cargos convencidos de la causa, y sin ataduras que puedan distraerles de su importante función. Sobre esto, viene al caso la situación del entrevistado, quien dirige una empresa (por cierto, con parámetros de grande, no de mediana) que tiene importantísimas deudas con sus empleados, la Seguridad Social, y quién sabe. En estas condiciones, parece muy difícil que pueda rendir a cien en la Organización que representa.
José Manuel Martínez Oliván, Zaragoza