El instinto básico de la izquierda
Todavía existe una izquierda convencida de que todos los males provienen del pensamiento conservador. Y creen, que con el suyo, harían un mundo feliz y maravilloso para todos. Es la eterna utopía.
Desgraciadamente, no existen Shangri-la en la Tierra, y para que el ser humano haya podido crear lo que hoy vemos en Ella, lo ha tenido que forjarlo con sangre, sudor y lágrimas. Y eso sólo es posible realizarlo, desde el esfuerzo, el trabajo, y hasta desde la crueldad. Si, si, han leído bien, desde la crueldad.
El instinto básico de un hombre o mujer de izquierdas, reconozco que es maravilloso; es como un sueño eterno del que nunca despiertan; y como nunca le ven cumplido, mueren en ese éxtasis.
El poderoso hombre o mujer de izquierdas son tan pragmáticos como los de derechas, porque saben perfectamente como se construye el mundo. La diferencia entre ambos radica en las formas y en los planteamientos. Los poderosos de izquierdas, jamás “despertarán del sueño” de los que depende su existencia como políticos. Porque saben que “el alimento” de aquellos, es contarles (de cuento), que ellos son los elegidos para construir ese maravilloso mundo del que llevan esperando tanto tiempo. Por eso, si truena, dirán que hace sol; si hay crisis, dirá que hay bonanza. Y ante las catástrofes, ellos jamás serán los culpables. La izquierda está exenta de toda culpa de las barbaridades que se cometen en el mundo.
Y esa izquierda de pensamiento básico se lo cree; y aún viendo como “sangra” una sociedad gobernada por ellos, nunca les culparán de las consecuencias que han originado tal situación.
Ahí tenemos “al redentor” José Luis Rodríguez Zapatero. El que iba a quitar el hambre en el mundo. El que iba a crear el pleno empleo. El que no dejaría desamparado a ningún trabajador....
...¡Qué más les da...! el caso es que “les regalen los oídos” de hermosas palabras y maravillosos proyectos....
Esta es la izquierda de instinto básico, la que declara pasar hambre, antes que votar a la derecha. ¡Claro! ¡Naturalmente! ¡Así les va “a sus dioses”! ¡De purísima madre!