Muere de oficio José Luis López Vázquez
Dicen que si hubiera nacido en Estados Unidos, en el Hollywood entonces lejano, hubiera sido Jack Lemmon; lo que resulta evidente es que si Jack Lemmon hubiera nacido en España, no habría sido nunca Jose Luis López Vázquez. Muere de los últimos actores verdaderamente de oficio, un artesano del espectáculo que trabaja en su taller lenta y pacientemente sus creaciones, nada más, sin acudir al faranduleo ni opinar nada más que lo necesario como ciudadano. Hoy el actor es artista, posa y opina, se hace fotos y tiene ideas que él y el tinglao comunicativo creen geniales. Jose Luis López Vázquez es un actor enorme, con gran amplitud de registros, es un cómico a lo antiguo con una sombra de actor contemporáneo, hizo reír en Ataco a las tres, fue tiernamente hilarante en El pisito, desternillante y satírico en Plácido, melancólicamente cómico en La escopeta nacional, existencial en La cabina, esa joya del cine europeo, triste en La prima Angélica. Y siempre actor, sin pretender más que ceñirse al oficio, sin esperar grandes cosas, “nunca he tenido en mi vida ni pretensiones, ni objetivos…, nunca he querido hacer de Alejandro Magno, por ejemplo, soy un ser insignificante”. Es esa insignificancia, esa pretensión, lo que ha dado dignidad a un oficio que entonces estaba desprestigiado y hoy está demasiado glorificado. La única insatisfacción como actor que dijo que había tenido era no haber trabajado nunca con Woody Allen. Berlanga, tan precedente del director americano y tan cercano en su humor, estará orgulloso de haber dirigido a un actor como Jose Luis López Vázquez, el Jack Lemmon español. Billy Wilder, a su vez, también se moriría orgulloso de haber trabajado con el “casi” Jose Luis López Vázquez americano.
José Aurelio Martín Rodríguez, Cádiz