Los frutos de la educación
A ningún docente nos ha sorprendido la actitud insumisa del Sr. Costa, acostumbrados como estamos a que el alumno levantisco al que expulsamos de clase desafíe nuestra autoridad y nos eche un pulso al respecto. En el caso del exsecretario de los populares valencianos, al margen de la pérdida de privilegios (económicos, de poder, o de blindaje legal como el aforamiento)la numantina resistencia del joven político es, sobre todo, un caso de educación, de malcrianza. Es otra manera de verlo. Hiperregalado (coches de lujo, relojes caros) y consentido por sus superiores, cuando éstos han querido darle un toque –agotada la paciencia jobiana-, su baja tolerancia a la frustración no lo ha soportado. Como gran parte de nuestros alumnos. Echando cuentas y si no repitió curso, cuando en el 90 entra en vigor la Logse, nuestro defenestrado dirigente terminaba el bachillerato y empezaría la Universidad. En materia educativa, ya había empezado a llover unos lustros antes y de aquellos barros, estos lodos. Padres, profesores y legisladores en materia docente deberíamos pensar que Johnatan, Vanesa, Fernando y María regirán nuestros destinos en un futuro no lejano, serán nuestros médicos, funcionarios, policías o menestrales, tanto da: los adultos que conducirán (muchos ya lo hacen, ay) no sabemos bien a qué puerto la nave. Deberíamos dejar de asustarnos y empezar a actuar coordinada y sensatamente. Si el sueño de la razón crea monstruos, el de la educación los alimenta y ceba. Sí, es otra manera de verlo.
Benito Camacho Martín, Valencia