¿No tengo derecho a una jubilación digna?

Mi edad es de 53 años, he estado trabajando desde los 13 años, cotizando en la escala máxima de la Seguridad Social, al menos los últimos 25 años. Cuando la empresa en la que trabajé durante 33 años de mi vida provoco mi hundimiento moral por depresión en el 2006 opte por despedirme, mi vida cambió, e inevitablemente la vida de los que me rodean cambió.
A mi edad y con los dos años de paro agotado, búsqueda incesante en el mundo laboral, hoy por hoy me encuentro con todas la puertas cerradas del mercado, sin ninguna posibilidad de empezar una nueva etapa laboral. Nadie me quiere con mi edad como trabajador, ni tan siquiera me dan la posibilidad, aunque sea por poco tiempo, de demostrar mis valías, seriedad y disposición en el trabajo. En estos momentos cuento con la “bondad del estado” en forma de “ayuda” de 420 €.
Es bastante probable que no vuelvan a contratarme si lo hicieran, es todavía más probable que no cotice en la escala máxima.
Después de casi 30 años, es bastante probable que cuando llegue mi jubilación cobre, únicamente, la pensión mínima. Una persona que no haya trabajado y comience a hacerlo a los 50, cotizando al máximo sólo los últimos 15 años (la mitad de tiempo que yo) recibirá la pensión máxima. ¿Es eso justo? ¿No es eso discriminación? Yo coticé el doble de tiempo y cobraré muchísimo menos que quien cotizó la mitad de tiempo.
Si una injusticia está amparada o provocada por una ley, ¿no habrá que cambiar esa ley?
¿No sería más justo que la pensión de jubilación se calculase por toda la vida laboral y no sólo por los últimos 15 años?,¿ Cuántas personas nos encontramos en estas mismas circunstancias? .Que nosotros con nuestra edad y con las nuevas políticas de contratación, jamás volveremos a cotizar a las arcas públicas lo suficiente como para que nos tengan que “reembolsar” lo pagado durante años, en forma de pensión y en bienestar para una jubilación pagada y merecida. ¿Cuántos nos vemos en esta situación? ¿Cuántos seremos a final de año?¿qué podemos hacer para hacernos oír e intentar forzar el cambio de una ley injusta que nos perjudicará en el futuro y nos roba en el presente la esperanza de una jubilación digna?
Ante un futuro tan incierto, y un presente tan difícil con un día a día tan angustioso, ¿Saben nuestros políticos la ansiedad e inseguridad que genera este sentimiento? Por no hablar del estado de ánimo depresivo, baja autoestima, disminución de interés en actividades diarias, sentimiento de desesperación, desamparo y pesimismo, alteraciones del sueño, palpitaciones, sensación de que cualquier cosa que ocurra va a ser negativa, y en algunos casos como en el mío propio a consecuencia de todo esto un tumor maligno (afortunadamente curado). Sé que son muchas las personas que se encuentra en una situación parecida o igual a la mía, y que cada día es peor la situación económica, por ello no puedo sino mostrar mi solidaridad y decir que cuando alguien decida hablar de los parados, piense que la gran mayoría no está pasando todo esto por gusto, y que deseamos salir de este pozo lo antes posible.
De hecho esta carta no es más que una muestra de la desesperación y desamparo que se puede sentir cuando uno se levanta cada día y no sabe qué más puede hacer por no arrastrar en su caída a los suyos y uno mismo.

Emilio Robledano, Coslada