Reinvención o caos
No recuerdo en la historia reciente de la democracia española el actual cúmulo de casos de corrupción que atenaza su credibilidad con severo riesgo de zozobra. Afecta por igual a todos los partidos, especialmente a aquellos que tienen presencia larvada en el ejercicio del poder autonómico o local. Las medidas adoptadas para su erradicación han resultado un sonoro fracaso quizá porque la clase dirigente ha aprendido a convivir con ella, apelando hipócritamente a la regeneración ética, como término grandilocuente que a quiénes se dedican al delito de saqueo les ocasiona cierta sorna. Detecto cierto grado de complicidad en aquellos que deberían haberlo denunciado a tiempo cuando los signos del despilfarro son tan abundantes que se hacen insoslayables. De nada sirven decisiones presuntamente ejemplarizantes al comprobar que la epidemia se extiende por doquier. Corromperse es como un virus que tenemos inoculado en estado de letargo y que actúa cuando se detenta poder. Cierto sentido de la impunidad, del convencimiento de no ser descubierto, que nos hace parecer intocables. De ahí que concluya con la idea de que, ante nuestra profunda crisis, la democracia necesita ser reinventada si quiere sobrevivir acechada por el populismo que puede generar la incredulidad en el sistema. El Estado Social necesita recursos económicos para obrar el bien común y frente a tanto desmán adivino una importante ausencia de compromiso ciudadano para cumplir con las obligaciones fiscales tras comprobar cómo desvalijar las arcas públicas resulta tan sencillo. Si algunos poderes públicos están en manos de desalmados que actúan sin control su legitimidad para existir se desvanece. El caos y la anarquía pueden ser nuestra próxima frontera
Sergio Santamaría, Gerona