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Versión Completa: El hombre que paró los tanques
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El hombre que paró los tanques

En estos últimos días de Octubre hemos dicho adiós a un hombre importante. Y es que la importancia de las personas se mide, o debería medirse por sus valores morales, y “Sabino”, como el Rey y su familia le llamaban cariñosamente, reunía cualidades que deberían ser inherentes a los hombres públicos: lealtad, inteligencia, discreción y un enorme amor a España.
El gran papel que D. Sabino jugó en aquellas terribles horas posteriores a la entrada de Tejero en el Congreso el 23 F, cuando estuvimos en grave peligro de perder nuestra naciente democracia, es motivo mas que suficiente para que todos los españoles sintamos hacia su figura agradecimiento y respeto.
Los largos años de su dedicación y servicio a la Corona como Jefe de la casa del Rey y mentor de la educación del Principe, fueron un ejemplo de fidelidad y prudencia, y aquella su acertada y decisiva frase de “ni está ni se le espera”, referida al General Armada, y pronunciada desde Zarzuela, tras una pregunta del General Juste, tuvo la virtud de detener la, más que segura, marcha sobre Madrid de los tanques de la Acorazada Brunete.
La despedida de este gran servidor de España, ha concitado unanimidad en políticos y personalidades de uno y otro signo al resaltar sus grandes cualidades y merecimientos, aunque una nota discordante procedente de ese político a quien nadie hace demasiado caso, ni en su partido ni fuera de él, el ínclito Anasagasti con su mal estilo acostumbrado y en su afán de llamar la atención, ha pretendido empañar con comentarios poco afortunados, y desde luego sin conseguirlo, el concierto general de cariño y respeto que ha acompañado la despedida de éste gran español.
No haga caso D. Sabino y gracias por todo.

Maribel Egido Carrasco, Segovia
logarp
No es así, D. Sabino no paro ningún tanque. Los tanques los paro el pueblo español que esa noche supo estar en su sitio, como también lo supo estar el Rey.
No quito grandeza a quien la gano y con sobrada honra, D. Sabino fue ante todo un gran padre y además un gran trabajador, es más, modélico tanto militar como civil.
Todas las virtudes que usted relata las he aprendido de muchas personas mayores que cuando niño me llevaron de la mano.
Es nuestro deber como patriotas defender nuestra bandera, nuestro suelo y nuestra nación, pero al mismo tiempo es nuestro deber discutir en aquellas cosas en las que no estemos de acuerdo y hacerlo con educación y respeto, nuestro objetivo debe ser construir un futuro mejor, tal y como nos lo enseñaron nuestros mayores.
Esos mayores que muchos olvidaron y que vieron como hermanos se mataron en nuestra guerra civil.
Así que señora no quiero que me interprete mal, pero de la misma forma que Anasagasti puede decir lo quiera, usted también, aunque a usted no le guste y sea mal vista.

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