Una visión maniquea

Cuando yo fui militante del Partido Comunista de España, allá por los años setenta del siglo pasado, aún no me había percatado de cuán diverso era el mundo, y todavía más, el mundo de las ideas, en cuyo terreno se hallaban plantadas las ideologías. Mi visión del mundo en aquella época era simple, tan simple como la que el partido me había incrustado en la sesera. Era una visión maniquea. Una visión de la vida y del mundo que no se distinguía apenas de la visión que la Iglesia Católica me había impuesto desde la escuela, llamada del Ave María. El mundo estaba dividido en dos: por un lado los buenos, los obreros, y por otro, los malos, los capitalistas.

Ahora sé que esa visión maniquea no es tan fácil de eliminar. Algunos la llevan hasta extremos que yo llamaré como indecorosos.

Es verdad lo que dice Manuel Rivas en su columna titulada ‘Neomelancolía’, del pasado 24 de octubre. La derecha, con tal de que los “suyos” ocupen el poder, no tiene reparos en hacer una llamada a los sindicatos para que organicen una huelga general contra el actual Gobierno. Pero es que en la izquierda pasa al revés; el ejemplo más claro es su actitud acrítica frente al Gobierno cubano y su desprecio sistemático hacia los Derechos Humanos. Está claro que el maniqueísmo fue creado, en un principio, por el poder divino. Luego le siguieron todos los poderes de la tierra.

Miguel Higueras Pérez, Granada