El príncipe Francisco Camps

Jamás se detuvo en prometer ni en afirmar sus palabras con juramento y las más solemnes protestas; pero tampoco se habrá conocido otro príncipe que menos se sujetara a estos vínculos, porque conocía a los hombres y se burlaba de ellos.
No se necesita pues, para profesar el arte de reinar poseer todas las buenas prendas de que he hecho mención: basta aparentarlas; y aun me atreveré a decir que a las veces sería peligroso para un príncipe hacer uso de ellas, siéndole útil siempre hacer alarde de su posesión. Debe procurar que le tengan por piadoso, clemente, bueno, fiel en sus tratos y amante de la justicia; debe también hacerse digno de esa reputación con la práctica de las virtudes necesarias; pero al mismo tiempo ser bastante señor de sí mismo para obrar de modo contrario cuando sea conveniente.
Doy por supuesto que un príncipe, y en esencial siendo nuevo, no puede practicar indistintamente todas las virtudes; porque muchas veces le obliga el interés de su conservación a violar las leyes de la humanidad, y las de la caridad y la religión; debiendo ser flexible para acomodarse a las circunstancias en que se pueda hallar. En una palabra, tan útil le es perseverar en el bien cuando no hay inconveniente, como saber desviarse de él si el interés lo exige. Debe sobre todo hacer un estudio esmerado de no articular palabra que no respire bondad, justicia, buena fe y piedad religiosa; poniendo en la ostentaciones esta ultima prenda particular cuidado, porque generalmente los hombres juzgan por lo que ven, y más bien se dejan llevar de lo que les entra por los ojos que por los otros sentidos. Todos pueden ver, y muy pocos saben rectificar los errores que se cometen con la vista. Se alcanza al instante lo que un hombre parece ser; pero no lo que es realmente; y el número menor el que juzga con discernimiento, no se atreve a contradecir a la multitud ilusa, la cual tiene a su favor “el esplendor y la majestad del gobierno que la protege”
NICCOLÒ MACHIAVELLI Año 1513
Que buen discípulo 500 años después y además de con las instrucciones de Maquiavelo cuenta con Canal 9, Radio 9 y otras fruslerías.

Rafael Martinez Monserrat, Alicante