A caballo entre las décadas 30 y 40, muchos de los mejores científicos europeos unieron sus fuerzas y sus cerebros para encontrar remedio a diversas enfermedades. Así, lucharon juntos contra patologías como el tifus, el paludismo, la fiebre tifoidea, la fiebre amarilla, la hepatitis infecciosa, el cáncer o la tuberculosis, entre otras; investigaron con el fin de encontrar un remedio para la hipotermia o antídotos contra el fosgeno y el gas mostaza. También experimentaron en el campo de las lesiones óseas e, incluso, trataron de encontrar una forma de potabilizar el agua del mar…en resumen, su intención era la de conseguir avances mediante pruebas y experimentos científicos, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas, en una sociedad en la que la idea de bienestar poco a poco dejaba de ser una utopía para gran parte de la población.
Esta iniciativa en nombre de la ciencia parece ser de un carácter emprendedor encomiable y muy valiente, si no se tiene en cuenta un pequeño detalle: estos médicos y científicos eran nazis y usaban como cobayas humanas para sus experimentos a judíos, gitanos, homosexuales, prisioneros de guerra o sacerdotes católicos. La gente, hoy en día, tiende a ver este hecho como algo ya pasado, ante lo que horrorizarse y por lo que lamentarse, pero lo cierto es que, en muchos de estos casos, estamos apoyando o favoreciendo, al mismo tiempo, prácticas similares ahora, en pleno siglo XXI. Otro ejemplo más antiguo para el tema que quiero tratar: “Esparta practicaba una rígida eugenesia. Nada más nacer, el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico, para determinar si era sano y bien formado. En caso contrario, se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco”. Con este ejemplo puede entreverse de qué tratan esas “prácticas similares” vigentes; la destrucción de fetos y embriones o su manipulación con fines científicos son la versión actualizada de los casos expuestos.
Dando ya por aceptado que nos encontramos ante casos idénticos separados en el tiempo, ¿qué puede inducir al hombre a realizar semejantes actos?, ¿cómo puede permanecer impasible ante tales injusticias consumadas por su propia mano? La respuesta resulta más sencilla si nos preguntamos qué es lo que hace que no nos comportemos de esa forma y la respuesta parece ser “la moral”. Definida como la “cualidad de las acciones humanas con respecto al bien y al mal”, ésta posee, en teoría, un carácter universal, independientemente del lugar de procedencia de las personas y de todo lo que ello implica. Sin embargo, consideramos la moral como el “conjunto de facultades y valores de una persona o una colectividad, que se consideran éticamente aceptables”, cayendo así en el relativismo y adoptando nuestra propia moral. Este relativismo moral es admisible aun cuando una determinada conducta, asociada a una moral concreta, puede llegar a molestar, ofender o irritar momentáneamente a alguien, siempre que no pase de ahí (para algo existe la tolerancia); sin embargo, una conducta es reprochable e inaceptable cuando produce daño psicológico real o daño físico. En este caso (en el texto) , hablamos de la interrupción de la vida. Cuando esto ocurre, se entra en conflicto con lo que consideramos como la Moral Universal. Los nazis no la conocían o no les importaba; hoy en día, nos la tomamos “a cachondeo” o pretendemos modificarla a nuestro gusto. En este punto entra en juego la ciencia, en su vertiente más empírica y generalizada; cometemos el grave error de considerarla nuestra “madre”, la que tiene las respuestas para todo y por la que se rigen todas las cosas, cuando es la Moral la que debería regular nuestras vidas, siendo nuestra verdadera “madre” en ese aspecto. La ciencia, personificada en los científicos, es ansia de saber, de poder y de fama (no tendría por qué ser así, pero lo es en general), anhelos que pueden ser muy destructivos si no se canalizan bien. Por ello, la Moral debería ir por delante de la ciencia para “pararle los pies”, apaciguar su insaciabilidad. Lo de los nazis era ciencia, regulada por la moral nazi; lo de hoy en día también es ciencia, pero regulada por la moral “progresista” (o eso pretenden sus partidarios).
“No es lo mismo” replican, sin embargo, no existe mucha diferencia entre decir “son judíos, no son seres humanos” y “son cuatro células, no son seres humanos”. Entre estas cuatro proposiciones, sólo una es verdadera: que los que mataban los nazis eran judíos. “Cuatro células” o “garbanzo” llaman algunos a un embrión, incluso a un feto, para justificar el aborto: unos saben que mienten (los que de alguna manera se benefician de esta práctica o simplemente carecen de Moral), pero la gran mayoría no sabe lo que dice (o no quiere saberlo), porque cuesta mucho creer que, conociendo todo lo que el aborto supone, alguien pueda estar a favor sin atender a intereses propios y egoístas.
Algunos datos acerca del desarrollo embrionario:
-Incluso antes de la implantación, el sexo de la nueva criatura puede determinarse y tiene ya los 46 cromosomas del código genético (puede que sean cuatro células, pero cuatro células humanas).
- A los 8 días, cuando se produce la implantación, la nueva vida ya está compuesta por cientos de células y ha desarrollado una hormona protectora que evita el rechazo por parte de la madre.
- A los 18 días, la nueva vida ha desarrollado sus propias células sanguíneas y se pueden apreciar las contracciones en el músculo del corazón.
- En la quinta semana ya se le puede hacer un electrocardiograma y, en la sexta, es posible registrar sus ondas cerebrales en un electroencefalograma.
- Durante el segundo mes, el ser humano puede formar un puño, tener hipo, chuparse el pulgar, dormir y despertarse.
A partir del tercer mes, el embrión pasa a denominarse feto. Sabiendo esto, que el niño adquiere este nivel de desarrollo en dos meses, ¿cómo es posible que se haya aprobado una ley que permite el aborto hasta la semana 22 (más de 5 meses)? ¿Con qué cara te atreves a decir que lo que estás destruyendo no es un ser humano?
Y esto es sólo la vida. ¿Sabemos algo del aborto? Las autoridades y los medios sólo hablan de un supuesto derecho, pero nunca informan acerca de lo que en realidad es, en qué consiste, lo que conlleva…¿Alguien ha oído alguna vez hablar o le han informado, alguien que esté a favor del aborto, de algún método que se emplee? Un ejemplo: “inyección salina; se utiliza a partir de los cuatro meses de embarazo (16 semanas) cuando el niño está rodeado de suficiente líquido amniótico. Consiste en introducir una larga aguja por el abdomen de la madre, sacar parte de dicho líquido de la bolsa de aguas e inyectar en su lugar una solución salina. El indefenso bebé traga el veneno y luego patalea y se revuelve con violencia mientras la solución le quema literalmente vivo. Con este método, la criatura tarda más de una hora en morir en medio de grandes sufrimientos. Por lo general, veinticuatro horas después sobreviene el parto y la mujer da a luz a un niño muerto. Sin embargo, con bastante frecuencia estos bebés nacen vivos y se les suele dejar sin atención hasta que mueren fuera del cuerpo de la madre. Algunos de ellos incluso han sobrevivido a esta terrible prueba gracias a la misericordia del personal del hospital y, más tarde, han sido adoptados”.
Yo, personalmente, conocí a un chico que había sido rescatado de una “papelera de abortos” de un hospital por parte de su madre adoptiva, una enfermera del centro.
Más información… ¿alguien de los que fervientemente defiende el “derecho” de la mujer a abortar menciona alguna vez los efectos secundarios que en la madre puede tener, al margen de secuelas psicológicas, tales como hemorragias intensas, shocks cardiovasculares, embolias, infartos, contracciones agudas durante días, esterilidad y, en algunos casos, la muerte? ¿No, verdad? Esta realidad existente de oscurantismo y manipulación ante la verdad nada tiene que ver con una reivindicación espontánea de una sociedad que reclama sus derechos, como nos quieren hacer creer, sino que forma parte de una red de mentiras perfectamente tejida hace mucho tiempo por quienes pretendían lucrarse con el aborto (y, sin duda, lo consiguieron). Esto no lo digo yo ni lo dicen los grupos provida; lo cuenta el Dr. Nathanson, el que fuera director del mayor centro del mundo especializado en abortos y uno de los miembros fundadores de la N.A.R.A.L. (National Association for the Repeal of Abortion Laws) o Asociación Nacional para la Derogación de las Leyes que prohíben el Aborto, en Estados Unidos. No tiene desperdicio su testimonio en el Colegio de Médicos de Madrid, el 5 de Noviembre de 1982, cuando declara: “cuando más tarde los proabortistas españoles usaban los mismos slogans y argumentos que yo había preparado en el año 1968 me daba muchísima risa, porque yo había sido uno de sus inventores y sabía muy bien que eran mentira”. Las palabras del Dr. Nathanson en aquel congreso son una prueba más que evidente de que el tema del aborto está manipulado de principio a fin por sus partidarios, pero ¿alguien lo sabe? Por supuesto que no (de todas formas, no hace falta saber cosas así para posicionarse a favor de la vida). Y, sabiendo esto, “¿es posible que tantos gobiernos de tantos países estén equivocados aplicando una ley que regula el aborto (como se preguntan algunos)?”. Sí, por cierto.
Otro tema es el de querer legalizar el aborto en casos en los que el feto tiene alguna malformación o discapacidad. En palabras del doctor Nathanson, “este es un tema muy delicado, porque significa que aspiramos a que la sociedad esté formada por personas físicamente perfectas (…) Es peligrosísimo aceptar este principio, porque desembocaría en un holocausto como el realizado por Hitler” (o los espartanos). También profetizaba en el 82 que “si esa clase de ley es aprobada en España, se abusará de ella y será utilizada para justificar el aborto en todos los casos”.
Es también curioso que un punto vital en la campaña original proabortista consistía (consistió) en ligar irremediablemente la posición en contra del aborto a creencias religiosas, hecho que no tiene por qué ser así, puesto que estar en contra del aborto es concordante con la Moral y no sólo con la moral católica. “Escogimos como víctima a la Iglesia Católica (…) Aislamos a la jerarquía - obispos y cardenales - como a los "malos". A los católicos que rechazaban el aborto se les acusaba de estar "embrujados" por la jerarquía, y a los que lo aceptaban se les consideraba "modernos", "progresistas", "liberales" y más "iluminados"”. Y, generalmente, el que no es católico ya lleva una especie de rechazo inculcado hacia el Catolicismo y un odio irremediable hacia la jerarquía (aunque realmente no sepan nada, ni de uno, ni de la otra). Qué curioso, es exactamente lo que se ha hecho en España: considerar la lucha contra el aborto como una cuestión religiosa, cuando lo es de sentido común. Como se está viendo hoy en día, la de la N.A.R.A.L. fue una campaña propagandística (publicitaria, más bien) impecable para vender el aborto y todos sabemos que, cuando algo triunfa, es copiado y explotado por todo el que sea capaz de sacar tajada. Así pues, entre los más acérrimos defensores del aborto se encuentran, curiosamente, los que dirigen clínicas abortistas y que se enriquecen a costa de este drama, a fuerza de manipular, ocultar y mentir. Y, por supuesto, atacar verbalmente a quienes se oponen a esta práctica, a los que paradójicamente califican de hipócritas. Es algo que no acabo de entender, porque los partidarios de la vida son los únicos que la defienden en todas sus formas, en todas sus etapas, sin cambiar su discurso mediante cláusulas aplicadas según les convenga. En fin, ellos sabrán…
Luego están los que, sin cuestionarse demasiado el tema, sin preguntarse por lo que es moral, confían en una autoridad a la que respetan y se someten a su voluntad. De esta forma, son capaces de realizar las acciones más reprobables, siempre que estén avaladas por dicha autoridad. Este hecho, propio de la psicología y la conducta humanas, se demuestra con el experimento de obediencia de Stanley Milgram, realizado en los años 60. Podría así explicarse la atrocidad cometida por tantos soldados nazis, que no necesariamente eran máquinas insensibles(o llenas de odio) de matar judíos. No obstante, una autoridad respetada por todos ellos- su gobierno, su patria- justificaba por ellos los actos que cometían. ¿Cómo podemos asegurar que no actuaríamos nosotros de modo similar o parecido en unas condiciones semejantes? Véase el experimento de Milgram y téngase en cuenta este ejemplo: “Ewen Cameron estaba buscando una cura para la esquizofrenia y su teoría se basaba en que los individuos inmóviles, escuchando mensajes durante horas y días enteros, podían alterar su conducta. De este modo podría reprogramar nuevos patrones de conducta. Pero entre 1957 y 1964 la CIA demostraría gran interés por dichos experimentos y lo financiaría bajo el proyecto MK ULTRA. Utilizando drogas, induciendo estados de coma, Cameron insertaría patrones de conducta en los individuos. Cameron había sido miembro del tribunal de Nuremberg y había juzgado a los científicos nazis por experimentos similares a los que había realizado él mismo en EEUU...”
Lo que está claro es que, el que no quiere ver la realidad en todo este asunto, no lo va a hacer. Seguirán consintiendo una injusticia; una injusticia cometida contra el más débil e indefenso, el que ni siquiera tiene voz para hacerse escuchar. Quizá algún día abramos los ojos…
Me gustaría concluir con palabras del Dr. Nathanson: “Como científico, no es que crea; es que sé que la vida empieza en el momento de la concepción y debe ser inviolable. Y si no salimos victoriosos y nos dedicamos totalmente a esta causa tan importante, la Historia nunca nos lo perdonará”.


Juanan L.G.