I

LA VERDAD


Me exiges la verdad
¿qué verdad, la tuya o la mía?

Suena insistentemente el teléfono
y formulas la misma pregunta
-¡Dime la verdad!

Ya ni siquiera te contesto

Y cuelgo



II

CREENCIAS


No concibo que crean en los dioses
y se postren ante unos atributos inventados,
aunque no inflijan daño a nadie

Sólo a sí mismos



III

INEXISTENCIA


Cuando ensombrezca mi jardín una nube
de pájaros, no abandonaré mis quehaceres
provincianos

Nadie me ofrecerá solidaridad en una tórrida
tarde de agosto y hasta es posible
que me plantee formalmente la inexistencia



IV

LIBRE ALBEDRÍO


David Wark Griffit fue el gran pionero
del cinematógrafo y se enfrentó radicalmente
a la censura, pero un derrame cerebral acabó
con su vida prematuramente

Desde entonces, infinitos especímenes ultra
religiosos nos niegan el libre albedrío

Para velar por nuestra salvación, pontifican



V

EL MÁS ALLÁ



Preciso vivir en soledad para no parecerme
a nadie y hablo con el Más Allá preguntándole
con ansia

-¿Tú como eres?

No temo la muerte-explico-, lo que me horroriza
de la eternidad es volver a caminar entre otros
laberintos construídos con idénticos espejos



VI

LES ES IMPRESCINDIBLE QUE LOS SERES
HUMANOS NOS MANTENGAMOS ALEJADOS
DE LA REALIDAD



Cada colectividad engendra sus bufones
y en los días estériles los inventa
mirándose el rostro en los espejos

Vuelvo hacia ellos mis ojos
y la luz mancha de sombras inocentes
el rudimento de una danza que nunca pisará
los escenarios



VII

REALIDAD


Te diría, por ti lo dejaré todo

Y aunque no me creas, no poseo
absolutamente nada a lo que renunciar