El autobús de los locos.

Cien jovenzuelos de excursión, cantando felices a 120 km por hora. Un poco fuerte la velocidad. Mejor, así llegaremos antes.
María es la rarita del grupo. Ve cosas. Cosas que a veces se cumplen, a veces no. Unas veces las ve con claridad, otras borrosas. Y ahora María se ha quedado en blanco: ve sangre. Su sangre. Las frentes ensangrentadas de sus amigos. Muy claro, muy vivo, muy pronto. Se repone e insinúa lo que ha visto a Jaime. Eso la tranquiliza.
Jaime no ve nada. Ni cree en las visiones de María. La escucha porque no puede dejar de pensar en meterle mano. Cuando le habla en susurros, preocupada, está más cariñosa, la siente más próxima. Aunque no cree en sus pamplinas, tampoco le gusta mucho escucharlas. Nota como se le hace una bola en el estómago, los músculos en tensión como si hubiera hecho cien abdominales. Jaime es avispado y ha relacionado ambos hechos, está seguro que son los nervios histéricos de María los que, de alguna forma, le ponen a él en tensión.

Juan es el friki, el 'enterao' de los ordenadores. A menudo le amanece mientras trastea en su máquina, su puerta al mundo virtual. Nota algo en su bolsillo. Una foto mal impresa. Un autobús que se despeña hacia el abismo mientras los rostros desencajados de Julián y suyo se ven estampado contra la ventanilla. Le enseña la foto a Julián, otro 'enteraíllo', entre asombrado y admirado. -¿Has visto? - Vaya, qué pasada. ¿Cómo la has hecho? -Yo no he sido, creía que era tuya. -No, que va. Se vuelve a guardar la foto. ¿Quién se la habrá metido en el bolsillo? Buena broma, macabra pero muy buena. Los rostros causan auténtico espanto. Ha debido ser un artista del fotoshó. ¿Pero quién? No sabía que hubiera alguien tan bueno con el ordenata entre sus compañeros... Bueno, ya lo adivinará.

Ana es una profesora. Recuerda que se acercan a una zona de curvas y había una muy pronunciada. Se llevó un buen susto hace seis años, cuando tenía el carnet recien sacado. Mira al conductor, sus manos seguras, su expresión tranquila y a la par concentrada. Mira al autobús, tan moderno. Parece que también han remozado la carretera desde entonces. Sí, está claro, están en buenas manos. Deja de preocuparse por sus recuerdos.

Pepe es una cabra loca. Inquieto e irreflexivo. Lleva un pequeño transistor con auriculares, del que sale: - Se ruega máxima precaución en el kilómetro 321 de la nacional 1432 … Miguel no se ha dado ni cuenta, está buscando música. Afuera, se ve el mojón correspondiente al kilómetro 320 de la nacional 1432.