Vaya por delante que no soy un consumidor de los llamados programas P2P y que, por tanto, no me considero lo que se llama vulgarmente un pirata. No diré que toda la producción cultural que consumo es original y certificada, sería mentir. Digamos que tengo pirata una cantidad de material similar a las cintas de audio que me grababa en los '80, cuando empezaba mi adolescencia.
Por lo tanto he mantenido un mismo nivel de pirateo durante toda mi vida de aficionado musical y cinematográfico. Antes del P2P te grababas cosas de los amigos que se compraban el original (y ellos de lo que tú comprabas, quid pro quo, P2P primitivo) y ahora me descargo ocasionalmente aquello que puede interesarme, aunque no tanto como para moverme a la tienda a comprarlo.
Éste es uno de mis perfiles, el de consumidor, pero tengo otro: el de creador (modesto creador) y ex-socio de la SGAE. Les diré al respecto que hay una notable diferencia entre "propiedad intelectual" y "derechos de autor". Entraré en detalles truculentos después, ahora hablemos de esa diferencia. La "propiedad intelectual" es el proceso legal que permite una creación ser registrada como parte de una autor o autores identificados y, por tanto, la protege de apropiaciones indebidas por parte de otros. Los "derechos de autor" son los posibles beneficios económicos derivados del uso y consumo de una obra intelectual. Y aquí entra la palabra "posible". ¿Dónde quiero llegar con todo ésto? A que registrar una obra en la SGAE sólo te permite delegar en ellos la gestión de los beneficios derivados de su uso (edición, venta, ...) y nunca defender tus derechos como propietario. Paralelamente debes acudir la Registro de la Propiedad Intelectual, donde relamente obtienes tus derechos de propiedad. Por tanto, defender los intereses de la SGAE no es defender los derechos sobre el beneficio económico de la explotación de la creación cultural, y NUNCA, NUNCA defender los derechos reales de un autor.
Aquí viene un ejemplo. Yo he auto-editado tres grabaciones musicales. Auto editar significa que yo lo grabé, pagando al estudio de mi bolsillo, yo mezclé, yo hice el diseño de portadas e interiores, yo lo llevé a imprimir, yo pagué la imprenta y yo, individualmente, fui a la empresa duplicadora para hacer las copias. Antes registré las canciones en Propiedad Intelectual y luego en SGAE. Bueno, pues tuve que pagar un dinero SGAE para que me dejaran hacer las copias, ese dinero lo paga el editor para compensar la duplicación de la obra del autor. Cuando pregunté ¿Qué ocurre si el editor es el autor, me tengo que pagar a mí mismo? la respuesta es sí, con el porcentaje que se queda la SGAE por gastos de representación del autor....
Es decir, un impuesto revolucionario en toda regla.
¿Qué sentido tiene ser la puta y poner la cama? Y encima luego te desayunas con sandeces de Teddy Bautista y compañía diciendo que ellos protegen al autor anónimo... Si, claro, que venga Dios y lo vea. Ellos protegen un sistema que sólo contempla un modelo de explotación de tintes industriales, con producción en cadena y consumo de masas. Fuera de ese modelo la SGAE no tiene sentido... ¿QUé ocurre si quiero grabarme una canción, la registro en propiedad intelectual y la regalo por internet? legalmente el registro de propiedad certifica mi autoría, pero liberarla en internet siendo socio de la SGAE es ilegal. Eso me dijeron. Cuando solicito mi baja recibí una llamada avisándome del craso error que cometía situándome al márgen del sistema (¿Coacción?) y luego recibí una carta en la que se me recomendaba "no dejarme guiar por los infundios que se leían acerca de la SGAE en ciertos medios, sobre todo internet".
Termino este largo post concluyendo con una idea... La sociedad cambia la forma en la que consume, aunque la necesidad que motiva ese consumo permanece. Es decir, seguimos demandando cultura, pero la podemos consumir de forma diferente. Poner puertas al campo y tratar de defender un modelo de explotación claramente desfasado es como pretender seguir haciendo agricultura con los métodos del siglo XIX. Se les ha acabado el chollo, y muchos artistas pueden vivir de la cultura gestionandose a sí mismos. Ahora bien, no tendrán un Ferrari aparcado en la puerta de la mansión de Miami, eso es muy probable.