Liberalismo económico y crisis
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Etiquetas: J. A. Ventín
06/10/2008 - J. A. Ventín
Desde los años 2003 y 2007 nos preocupa la “enfermedad crónica terminal” que padece el capitalismo radical-liberal con su defensa a ultranza del libre mercado. Nunca defendí el comunismo ya que es un capitalismo de estado, como se puede comprobar ahora en China, donde las autoridades han establecido un sistema de doble economía y pensamiento único, y donde pronto veremos cómo el libre mercado acaba imponiéndose a los planteamientos sociales para caer en un sistema neo fascista.Desde hace muchos años denunciamos que cuando los liberales defienden el libre mercado sin límites ni controles, están defendiendo los intereses de la clase social que ellos representan. Ahora estamos viendo las consecuencias de esa filosofía llevada al extremo.
Ante el desastre que está ocurriendo en el mundo, nadie nos puede convencer de que una ideología que ha generado a lo largo de la historia guerras económicas, y ha llevado a la miseria a mil millones de personas, es un buen sistema político económico. El tiempo, por desgracia, nos dio la razón. El sistema ha reventado y quienes hemos de pagar las consecuencias del desastre seremos todos, menos los que lo han causado. Ellos, ahora, piden ayuda al Estado y su intervención para salvar su fortuna y sus propiedades. Aunque los propietarios de las empresas que han quebrado tendrán el riñón bien cubierto, y sus propiedades no servirán para devolver el dinero estafado. Al ciudadano que ha perdido sus ahorros o su fondo de pensiones, solo le devolverán, como máximo 20.000 euros, gracias a la intervención del Estado, que obligo a la industria financiera a crear un fondo de garantías interbancario como para garantía de los depósitos.
Permítanme recordarles que en artículos anteriores ya denunciábamos los peligros de ese liberalismo desmadrado y de sus posibles consecuencias. Liberalismo que estamos sufriendo en Madrid, donde veremos cómo, al final, será con nuestro dinero con el que se ha de salir del agujero económico al que nos han llevado. Las crisis no son otra cosa que unas enfermedades sociales cíclicas, en las que unos pocos viven de chupar la sangre económica de otros. Muchas veces queremos igualar, como sinónimo, el término de vampiro social con el de parásito, pero existen diferencias fundamentales, ya que los primeros destruyen a quien extraen sus jugos en el menos tiempo posible y los segundos llegan a defender la vida de los parasitados, pues al fin y al cabo son sus huéspedes. Existen actividades económicas que contaminadas por el “virus del vampirismo”, entran en una actividad enfermiza, chupadora, vampiresca, que acaba por destruir la sociedad en la que vive.
Hace mucho tiempo que venimos denunciando el liberalismo financiero por sus consecuencias, y por la sociedad de consumo descontrolada que genera. Y esa ansia de consumo ha llevado al desarrollo de la economía financiera, en la que el precio del dinero va mucho más allá de lo moralmente aceptable. Todo organizado en una especie de telaraña económica en la que, cuando caes en ella, acabas siendo succionado hasta la muerte económica. Este hecho, que desde el análisis economicista en una sociedad de libre mercado parece que no atenta contra las leyes de mercado, es en realidad un cáncer que actúa como el vampirismo, pues no sólo chupa la mayor parte de la “sangre económica” al ciudadano, sino que impide que haya excedentes de dinero circulando por otros circuitos distintos que el de la “industria del ladrillo”. Hay un vampirismo con efectos colaterales, pues al no haber la misma masa de dinero circulando por todo el sistema, hace que otros muchos sectores industriales se hundan y desaparezcan, a causa de una especie de “anemia perniciosa monetarista”. El sistema social puede entrar en colapso, y hacer que pasemos de una sociedad desarrollada y de casi bienestar, a una sociedad primitiva de subsistencia.
http://diariodepontevedra.galiciae.com/nov...39.html?lang=es
