PROPUESTA A LA DIRIGENCIA
DE LA OPISICIÓN VENEZOLANA
DE LA OPISICIÓN VENEZOLANA
Estimados dirigentes de oposición me excuso de no nombrarlos porque verdaderamente son demasiados y podría dejar alguno por fuera, lo que seguramente además del mal gusto, podría frustrar el objetivo de mi carta.
Soy de los que piensa que Hugo Chávez no es la enfermedad, sino simplemente un síntoma y que nuestra desarticulación se deriva de nuestro proceso histórico de subdesarrollo. Las dos venezuelas que hoy vemos polarizadas han existido siempre. 1) La de los que comen sancocho, mondongo y pabellón, mezclan en su mesa casabe, arepas y tostones, toman miche y papelón con limón, no les preocupa la limpieza, son descuidados e irreverentes, son vivos y mentirosos, viven del rebusque y trabajan cuando no hay más remedio . 2) La que quiere parecerse al extranjero, que come hamburguesa y pepsi, sushi y wasabi, quiere celulares, televisiones pantalla plana y blackberry, zapatos de marca, quiere vivir en el este, escuchan música en un inglés que no comprenden, se dicen creyentes de la economía de mercado y sueñan con llevar a sus hijos a Disneylandia.
Para que ambas venezuelas, que convivíeron pacíficamente en el seno de AD, vuelvan a encontrarse no se necesita muchos proyectos y razonamientos, tan sólo basta con una nueva emoción. No olvidemos que quienes nos libertaron fueron los mismos que andaban detrás de Boves matando blancos al grito de ¡Viva el Rey!. En política Venezuela no piensa, simplemente se emociona. No estamos resignados, lo que estamos es fastidiados porque el circo de Hugo ya no logra divertir y la oposición no encuentra nuevas emociones que proponernos. Si ideamos una gran rumba de pronto salimos de chacumbele y logramos la reconciliación nacional.
Creo que sería fácil para la Venezuela joven y democrática encontrar un rumbero mayor, un gran director para esa nueva emoción, ese no podría ser otro que Gustavo Dudamel. Tiene todo lo que le falta a Hugo Chavez: genio, conocimiento, excelencia en su campo, sentido del valor y del costo de las cosas, de la unidad en la diversidad, tiene imaginación y, sobre todo, carece de complejos y, lo más importante, como todos los grandes, tiene una buena dosis de humildad.
Los domingos en lugar de esa repetitiva y fastidiosa bazofia del Aló Presidente, donde Hugo Chávez trata de vendernos un socialismo que ni cree, ni entiende, ni practica, tendríamos un colorido concierto dominical que aplaudiríamos todos a rabiar y nos haría sentir orgullosos de Venezuela. En esas condiciones está garantizada la reconciliación nacional. También lo está el buen gobierno de Dudamel, ya que gobernar no es más difícil que hacer sonar una misma melodía por una diversidad de instrumentos. Si a Venezuela la pudo dirigir durante tantos años el Peón del Hato la Calzada y el Señor de la Mulera, con más razón un genio de la armonía como lo es Gustavo Dudamel.
Piénsenlo, por favor. ¡Que es urgente!
Atentamente,
Filemandro rojo.
Atentamente,
Filemandro rojo.









