El cine, el arte, la vida, el amor, todo, algo que parece olvidar el ramplón, retórico, plano, cine de autor actual, que ha dado una vuelta de tuerca al concepto para convertirlo en cine autista, porque ya ni tan siquiera está hecho contra el espectador, como el cine experimental o de vanguardia, sino que está realizado, es un decir, al margen del espectador, es un autocine, si al menos fuera anticine, unilateral, unívoco, que tiene como punto de partida, y de llegada, al mismo autistor, un autocine ensimismado, autocomplaciente, paranoico, que renuncia a la narración por simple incapacidad, por falta de empatía, un autocine psicópata, que no cuenta nada porque no tiene nada que contar, un autocine que se autorefugia en el lenguaje, en la cinefilia, por comodidad, por facilidad, por falta de experiencia vital, de universo personal, un autocine impersonal, egocéntrico, que se autodenomina a sí mismo de autor.
El cine digital ha creado la falsa ilusión de que todo vale, y es cierto, pero sólo vale para uno mismo, al espectador no le vale todo, si haces un autocine amojamado, de espaldas al espectador, que sólo se mira a sí mismo, no esperes que ese mismo espectador te acepte, te vea, y a mayores te pague el capricho, si no haces el esfuerzo de comunicarte no le pidas al espectador que haga el esfuerzo por ti, al espectador hay que darle algo, tenderle puentes, tirarle un hilo al que pueda agarrarse, algo que le haga sentirse parte inplicada, no hablo de identificación, algo que establezca una relación entre la mirada del director y su propia mirada, una interrelación, una fricción, que en eso consiste el cine, el amor, en fricción, electricidad, en establecer contacto entre dos partes, un intercambio de energía, no de fluidos, hablo de abrazo, un intercambio que multiplica la energía, que la transforma, sin transformación no hay arte, no hay nada.
El autocine actual, es un cine de idea, que no de ideas, con pretensión de abstracto, que se queda en mera figuración, el cine nace del choque de ideas, del choque de planos, del choque de miradas, sin esto sólo hay fotografía, ilustración, para que nazca la chispa, el cine, al menos se necesitan dos ideas, a ser posible contrarias, contrapuestas, sin contrapunto no existe equilibrio, armonía, pureza, solo planicie, simpleza, el vaticinio de Coppola de que con el cine digital aparecerían nuevas miradas en cualquier parte del mundo, se ha estrellado estrepitosamente, en lugar de aparecer películas diario, personales, han aparecido películas tomavistas, toma vista, a falta de mirada propia, vistas, por mucho que se abarate el coste de una película, lo que sigue sin tener precio es el talento, y como siempre, es un bien escaso, en vías de extinción.
De la situación de estancamiento, amuermamiento, de onanismo, de autismo, actual, se sale de forma muy simple, abriendo los ojos, a base de sencillez, mirando hacia fuera desde dentro, no desde dentro hacia dentro, si haces cine para ti y para tus amigos, no te extrañe que sólo te vean tú y tus amigos, y hablo de ver, no de interesar, el autocine ha actualizado la peor vertiente del cine amateur, la del video de boda, bautizo, y comunión, la sesión de fotos veraniega, que los amigos y familiares no tienen otro remedio que ver, por mera conveniencia, por obligación moral, o incluso por cariño, lástima, con resignación, y estoicismo, cristianos, el cine digital ha convertido en realidad el sueño de todo dominguero, dar a cualquier video casero la apariencia de profesional, por desgracia para estos eternos aspirantes a la autoría, al cine, como sucede con la mujer del César, no le basta con parecerlo, tiene que serlo, y para serlo se necesita salir de uno mismo, testigos, espectadores, el cine, el arte, la vida, el amor, todo, es alteridad, un diálogo con lo otro, con el otro, dualidad, dialéctica.