No me toquen la asistenta

El gobierno italiano, que ha entrado como un elefante en una cacharrería en las políticas de inmigración, parece dispuesto a replantearse algunos extremos de las populistas medidas tomadas, al darse cuenta de lo que significaría para la economía expulsar a todos los inmigrantes ilegales. Así palabras satanizadas en Europa -cuando era el gobierno español el que las pronunciaba- como regularización o integración empiezan a pronunciarse en el seno de los partidos gobernantes italianos.

¿Se han dado cuenta de las consecuencias de la barbaridad de expulsar a miles de personas? ¿Han comprendido por fin que todo el que enfila el camino de la inmigración dejando atrás a su familia, sus raíces, su identidad; lo hace forzado por la necesidad de sobrevivir? Pues no, no ha sido por ninguno de estos motivos; lo hacen por no afrontar el terrible problema, para todos ellos, de quedarse sin asistentas en casa.

Que sería de Italia sin el trabajo de estas abnegadas asistentas, ellas si que hacen grande el país y no las hordas de rumanos (ciudadanos de la Unión Europea, por cierto) que invaden los suburbios de las grandes ciudades. Vivir para ver.

Francisco Javier Polo Brazo, Sevilla