Negar nadie puede negar la existencia de los campos de concentración y las atrocidades que ahí se cometieron. Pero una cosa es la negación tajante de los hechos, y otra muy distinta que cualquiera de nosotros practicara su derecho de dar uso al beneficio de la duda y revise científica y objetivamente el hecho. Creo que es una actitud legítima que no bajo ningún concepto debe ser perseguida y condenada.(como por ejemplo el caso de John Irving que lo atestigua).
Cuestión y dudar de todo lo que rodea nuestras realidades y constituye nuestras existencias es un ejercicio saludable y benéfico. Me remito a una frase sabia de un filosofo español que pedía que cada vez que se le enseñara algo, se le debería de enseñarle también a dudar de ello. No en balde, si las sociedades modernas han llegado a ser lo que son y lo que perecen hoy en día, es gracias a implantaciónes constantes y constructivas de algunas dudas y criticas sobre lo que históricamente eran esquemas de valores “absolutos”, que dicho de paso fueron adquiridos según tal o tal acontecimiento histórico vivido por esas sociedades. El holocausto no debe por ello ser ninguna excepción, entre otras cosas porque no es ni la mayor ni la peor monstruosidad que ha cometido el genero humano.
Ahora bien, pienso que el revisionismo no debe ser presentado ni enfocado como un intento perverso de negar el holocausto. No beneficia a nadie en los estados democráticos y de derecho que haya quienes crea en “una verdad absoluta infalible y incontestable como se nos presenta el holocausto. Seria un retroceso con un agravio comparativo perjudicial.
Los intentos –a mi juicio “hipócritas”- de legislar leyes anti-revisionistas, para que nos den sensación de tener una conciencia limpia y parecer buenos, guapos y políticamente correctos solo es una manera de demostrar que en el fondo no creemos en un sistema de valores justos y equitativos para todos. En el hipotético caso de que fuera judío, no me hubiera gustado destacar sobre el resto de los mortales porque mi pueblo haya sufrido una calamidad (todos los pueblos han pasado por ello). No quisiera sentirme excepcional por ello, ni intentaría tildar (un día si y otro también) de anti-semitas (Una palabra por cierto,muy poco entendida y repetitivamente mal usada por parte de todos) a otra persona que piense distinto y denunciarle amparándome en una legislación que protege a unos en detrimento de lo que opinen o piensen otros.
Creo que la sensatez y el sentido común (eso que todos suponemos tener y que pocos saben lo que es) pasa por considerar y calibrar del mismo modo lo políticamente correcto e incorrecto. Cualquier ejercicio de valorizar uno en detrimento del otro supondría un gran error que la “justicia de la historia” castigaría sin falta como en muchos otros ejemplos.
Y para invitarles un poco a pensar propongo un ejercicio “revisionista” sencillo. Pongamos un cálculo matemático simple: supongamos que la segunda guerra mundial haya durado 10 años (en vez de los 6), lo que nos daría 3660 días (suponiendo que todos los años son bisiestos). Ahora bien, segun cifras oficiales de muertos en holocausto el numero de victimas fue de 6.000.000 (algunos aseguran que eran 9.000.000 y otros llegan a 12 ). Lo que nos daría un asombroso 1639,34 de numero de muertos por día, o lo que es lo mismo 1.2 muertos por minuto…¡¡Manda huevoss!! Diría Trillo.
